Misericordia.

domingo, 25 de mayo de 2008

A Mi Abuela...

¿Y dejarás que las moscas
con el batir malicioso de sus alas
posen sus patas sobre
el bulto de sus huesos quebrados?

¿y esperarás que el hedor
de su carne podrida
intoxique su olfato
como el amoniáco del hospital?

¿O vendrás por la noche
y pondrás sobre su tormento
el sello de un beso
y te llevarás su respirar agitado,

enjugarás su frente
por donde cae el sudor frío
y le arreglarás el cabello
para la eternidad?

¿Y mirarás indolente al vil gusano
que repta lento sobre sus intestinos
y a la araña que teje silenciosa
la red mortal?

¿Oirás callado la fuga de los humores
que huyen ruidosos
por la llagas que abrieron
las púas de la postración?

¿O soplarás su oído
como al alba el viento solano
despunta en sonrisas
con el soplo matinal,

y dibujarás sobre su mueca agónica
la alegría del sembradío fresco
que pisó descalza
en la última estación?

Yo lo sé:

¡Dibujarás sobre su mueca eterna
el alba despuntada en sonrisas
y le arreglarás el cabello
con las rojas flores del cardenal!

¡Y enjugarás su frente
por donde cae el sudor frío
y le arreglarás el cabello
por toda la eternidad!

Yo lo sé:

Por toda la eternidad!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mmmm... es crudo, bastante fuerte que quieres que te diga, pero lindo... me gusta... ojalá algún día a mi también me naciera esa forma de escribir...

Ada (sin h) dijo...

Ya te lo he dicho más de una vez. Eres un gran poeta. Pero esa es mi opinión no más. No te la tomes muy en serio, al fin y al cabo, ¿qué se yo?

Me gusta y punto.

Y lo siento por tu abuela, pero, para qué hacerse los tontos, la muerte es la muerte y es insuperable. Son los vivos los que no la aceptamos...

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